Capítulo 45: Sisebuto, el niño bruto

Capítulo 45: Sisebuto, el niño bruto

Como Jekyll tiene su Hyde, Martín tiene su Sisebuto. Y es que cuando Martín está descansado y de buen humor, sale a la luz el niño bruto que tiene dentro. A veces, cuando echa alguna siesta en nuestra cama, puedo presenciar de cerca como el dormido Martín abre los ojitos y mira de reojo los barrotes de nuestro cabecero. Entonces se enciende en sus pupilas Sisebuto, que se gira con rapidez y se lanza a la escalada tras levantarse apoyándose en la almohada, mi cabeza o lo que haya por delante. Agarrados los hierros, los zarandea como si de un diminuto King Kong se tratase y a veces lo acompaña de grititos. Entonces le desenmascaro: “¡Sisebuto!”, y se parte de risa. Sisebuto despierta cada vez que Martín ve unos barrotes o algo que se le parezca; su cuna tiembla cuando lo ve descansado (y supongo que los vecinos de abajo también) y cualquier reja es posible víctima de su brutalidad. Una vez, recién despertado, decidí sorprenderlo agarrándome a los barrotes con los movimientos de Sisebuto. Rápidamente se dio cuenta de mi juego y comenzó a reírse como loco, acoplándose al juego a la velocidad del rayo. Martín es canijito, pero dentro tiene a Sisebuto, el niño bruto, que, aunque un trasto, también es síntoma de salud.Image

Capítulo 44: Escollos de otro siglo

Capítulo 44: Escollos de otro siglo

Hace unos seis meses tramité telemáticamente la ayuda denominada  ”deducción por maternidad”, que se concede por cada niño durante los tres primeros años de vida. Ya entonces el sistema me dio errores, pues había parámetros que no entendía o que entendía como incompatibles (al poner que Martín está bajo nuestra tutela, me requería imperiosamente la fecha de defunción de la madre; un sinsentido). Finalmente, no sé si por mi insistencia, el programa informático dío por buena mi solicitud y quedé a la espera de que la ayuda comenzara a hacerse efectiva. Algunas amigas me refirieron que al mes siguiente ya estaban cobrándola, pero nosotros, seis meses después, no teníamos noticias, así que ayer fue el día de la llamada. El funcionario estaba un poco perdido y tuvo que consultarlo todo para al final confirmarnos que en los casos de acogimiento preadoptivo, nos deben mandar una carta requiriéndonos la resolución administrativa, y que, efectivamente, no nos la habían mandado, así que me instaba a presentarla directamente en Hacienda. Pero la llamada me deparaba una sorpresa. Al comenzar a hablar, avisé de que el programa daba errores indebidos. Al final de la conversación, el funcionario me preguntó: “la solicitud está a su nombre, pero ¿adopta usted en solitario o en matrimonio?” Al contestarle que en matrimonio, me soltó: “Ah, pues arregle los papeles, pero en cualquier caso la solicitud debe ir a nombre de su mujer, que es lo normal”.  “Es que somos dos hombres, ¿ve como el sistema es maniqueo?” fue seguido de un silencio y un ligero titubeo, para finalmente confirmarnos que siguiéramos con la solicitud tal cual.

Por la tarde estuvimos en un conocidísimo centro comercial (al que siempre llega la primavera dos meses antes de tiempo), y Martín decidió dejar su opinión sobre la ineptitud de algunos dependientes en su pañal, así que buscamos el cambiador en los baños. Como nos esperábamos, el cambiador estaba dentro del servicio de señoras, y entramos sin dudarlo, ante la cara de sorpresa de mujeres que allí estaban. Es cierto que todas estas mujeres y las que después fueron entrando comprendieron perfectamente que entráramos y lo ilógico que es en nuestro siglo que el cambiador se ubique allí dentro.

Tanto en un ejemplo como en otro, los dos ocurridos en un mismo día, podemos comprobar cómo aún hay escollos sociales y administrativos por resolver. Ojo, que estos problemas podría tenerlos un heterosexual adoptante en solitario y cualquier padre heterosexual que intente cambiar el pañal a su hijo en un centro comercial. Lo que pasa es que a nosotros se nos juntan el hambre con las ganas de comer…

Los avances sociales deben ir acompañados inmediatamente de cambios en la burocracia devenidos de aquellos, o de cambios estructurales en el caso de que sean pertinentes. No creo que las feministas hayan luchado tantos años para conseguir que los hombres también se hagan cargo de sus hijos para que luego cualquier centro comercial les dé una bofetada que los mande 30 años atrás.

Capítulo 43: Papi

Capítulo 43: Papi

Cuando conocí a mi marido, lo último que me hubiera imaginado es que me casaría con él. Y ya verlo como padre, ni siquiera podía pasárseme por la cabeza. Siempre ha sido cariñoso y divertido, y eso es lo que me enamoró. Como le pasa a Martín, que no se cansa de solicitarle juegos, que mi marido, antiguo Impaciente Mayor del Reino, le da con su cara más payasa. Martín lo adora. Como yo. Nunca habría creído que desarrollaría la fuerza que hoy despliega en la crianza de Martín, y, aunque siempre hay días malos, tampoco apostaba por el optimismo con que acomete cada adversidad. Es un Papi con mayúsculas.

Es cierto que la pareja tiene menos tiempo para recrearse en su amor, porque el poco rato que pueda quedar cuando Martín al fin cae dormido, está reservado para tareas postergadas o para el inmediato descanso. Pero dormimos abrazados y, aunque la mayoría de los días este sueño se limite a unas cinco horas, ese abrazo nos carga de energía desde el preciso instante en el que nos fundimos con la satisfacción de haber cumplido un día más con nuestro objetivo de hacer de Martín un niño un poco más feliz.

Hace un rato hemos estado decidiendo cuál sería su signo en el lenguaje que probablemente use Martín, pues para “papá” sí existe un signo oficial, pero desconocemos si lo existe para “papi”, así que lo hemos inventado. Si “papá” consiste en un golpe, con la mano colocada como en el saludo militar, en la frente y otro en la barbilla, hemos considerado cómodo que “papi” consista en dos golpes en la barbilla con la mano en la misma posición, acompañando cada golpe a una sílaba. Espero que este signo no sea ya otra cosa, o, al menos, que no sea algo muy habitual.

Hoy quiero, sin que sea día del padre, ni nada que se le parezca, agradecerle a mi marido el arrojo y la ilusión que puso cuando el instinto paternal se apoderó de él y la constancia y alegría con que acomete la crianza, más que complicada, de Martín. La paciencia aún puede depurarse un poco, pero hemos avanzado kilómetros (Speedy González no se ha convertido en el Santo Job, pero va camino). Aunque lo que de verdad me conmueve es la pasión que Martín muestra por él, cómo le echa los bracitos y cómo lo mira, con la merecida admiración y el merecido amor que se ha labrado a pulso el hombre de mi vida. Martín y yo somos felices porque estamos a su lado.

Capítulo 42: Martín ha vuelto

Capítulo 42: Martín ha vuelto

…y la sonrisa volvió. Radiante y encantadora. Y dándome fuerzas. Martín ya se pone de pie y se convierte en Sisebuto (entrada que tengo pendiente). Hoy quiero hablar de lo variopinta que puede ser la búsqueda de unos padres a la hora de conseguir recursos para mejorar la calidad de vida de su hijo. Nos agarramos a cualquier mínima hebra si atisbamos que desde allí podemos tirar y tirar y conseguir que Martín esté mejor. Así hacemos con contactos amigos de amigos de amigos que saben de una asociación que nos puede asesorar, o aprovechamosla casualidad de que algún buen enfermero amigo esté de servicio cuando Martín está malo. O probamos a ir a concursos de la TV para conseguir dinero para los gastos que ya tenemos encima. Los que no me conocéis, vais a tener la oportunidad de verme muy pronto: en la tercera o cuarta semana de mayo aparezco como concursante central en el concurso ¡Ahora caigo!, de Antena 3. Por contrato no puedo decir más que eso, así que quien quiera verme, que esté atento. Le aseguro que, al menos, se reirá. A veces uno tira de hebras tan débiles que se rompen, pero no por eso dejamos de estar pendientes de todos los hilitos que nos cruzamos a diario.

Martín está comiendo mejor; ya empieza a tener sus propios gustos (nada tiene que hacer Caillou ante Pocoyó) y parece tener clara su no predilección por el pescado. Se le nota más fuerte y con un ánimo estupendo, aunque la papitis sigue siendo casi enfermiza. Empieza, en definitiva, a mostrar y definir su propio carácter, en el que la simpatía brilla por encima de todo lo demás. Tenemos un hijo estupendo. Lamentamos, por otro lado, no haber podido asistir al Encuentro Europeo de Familias Homoparentales que está teniendo lugar estos días en Lloret de Mar, para repartir esa simpatía de Martín y conocer la de tantos otros niños. Mandamos muchos besos a todos los asistentes y esperamos poder estar en el próximo. Mientras tanto, aquí seguimos, construyendo el futuro de un niño pequeñito y de una familia grande.

Capítulo 41: En busca de la sonrisa perdida

Capítulo 41: En busca de la sonrisa perdida

Martín lleva una semana con bronquitis. Cinco días seguidos con fiebre y siete con tos, vómitos y somnolencia, acompañados de una debilidad que asusta. Pero lo peor no es eso. Lo que peor llevo es que ha dejado de sonreír. Martín, el que siempre se está riendo, muestra una cara seria y triste y mira con la madurez de un adulto que se sabe enfermo. Y eso duele lo indecible. Me iba a trabajar y le decía a mi marido: “si sonríe, mándame una foto, que la necesito” y me pasaba la mañana mirando el móvil sin recibir nada. Cuando ya no podía más, le llamaba: “¿No te he dicho que me mandaras una foto cuando sonriera?”. Y el pobre me contestaba: ” Sí, ya lo sé. Es que no ha sonreído”. Ahora estamos en fin de semana y Martín lleva un rato dormidito; le acabo de dar el último biberón y se lo ha tomado bien. Buena señal. Soñaré hoy con que mañana al fin pueda escuchar el tintineo cascabelero de su risa, esa risa que me atrapó en cuanto la conocí y que, junto con la de mi marido, son para mí el sonido de la felicidad en su estado más puro.

Capítulo 40: Ilusiones

Capítulo 40: Ilusiones

Tenemos muchos amigos queriendo ser padres. Todos sueñan con acunar a un pequeñito y sentir ese calor tan especial que quizá podamos llamar amor. Parejas heterosexuales que buscan por los cauces tradicionales y biológicos, parejas homosexuales y heterosexuales en procesos de adopción, amigas que anhelan formar familias monoparentales por inseminación, y un amigo que busca sin pareja a su hijo entre los trámites de la adopción, revolviendo papeles y esperas. Todos están cargados de ilusión, y en todos hemos notado alguna vez algún momento de flaqueza cuando los procesos no iban como debían. Pero una flaqueza basada en la frustración fugaz de algún revés administrativo o médico, que no en la merma de la ilusión. Muy al contrario: nuestros amigos son grandes personas, y los obstáculos les martirizan durante unos días, pero pronto renuevan la ilusión y continúan la carrera. Y si sus futuros hijos pudieran verlos por un agujerito, dirían: “¡Bravo, papá/ bravo, mamá! ¡Cada día tiras un poquito más del hilito que nos separa y pronto me acunarás entre esas extremidades que algunos llaman brazos y que yo llamo amor!”

Capítulo 39: Día del padre

Capítulo 39: Día del padre

Hoy es el día del padre, nuestro primer día del padre desde este lado, y Martín nos ha regalado una nueva sonrisa que ahora hace compulsivamente y que está entre la mueca y la ilusión más grande. No podemos evitar reírnos como locos con esta nueva sonrisa, y supongo que por eso la hace una y otra vez. En casa siempre hemos celebrado el día del padre, o al menos le hemos hecho algún regalito a mi padre.

En este punto me gustaría hacer una precisión: me gustan el día del padre y el día de la madre, pero creo que es algo que debe quedar en el hogar, que no debe potenciarse ni desde los medios, ni de las escuelas. Y lo explico: cuando en el colegio se pasan una semana preparando en trabajos manuales el regalito para el padre o la madre, no tienen en cuenta si el niño tiene o no madre o padre, y ese meter los dedos en la herida puede ser doloroso. A mí la muerte de mi madre me pilló con 13 años y ya era mayorcito para hacer la típica felicitación o adornito en el cole, pero mis hermanos eran más pequeños y tenían que ver a sus compañeros afanándose en hacer un jarroncito para sus madres cuando ellos no la tenían ya. Aunque les dijeran “pues hazlo para tu padre”, nadie engaña a un niño. Hay muchas más diferencias que hoy hay que tener en cuenta a la hora de realizar actividades en un aula; antiguamente, y por desgracia aún hoy en algunas aulas, se sigue hablando del “color carne” para referirse al rosa habiendo una amplia gama de tonos de piel entre los niños. O se hacen Christmas en Navidad ante la pasmosa diversidad de credos. Hay que tener cuidado. Se puede dañar a los más débiles.

Martín tiene dos padres y en casa celebraremos el día del padre, o de los padres, siempre. Pero preferiría que no nos trajera nada del cole, porque eso significaría que en mayo estaría incómodo en la clase. Algunos pretenden que nos dividamos las fiestas y una sea el “día del padre uno” y la otra el “día del padre dos”, pero eso implicaría identificar a uno de los dos con la madre, cuando nosotros queremos huir de cualquier clasificación de roles: somos dos padres y ninguno “hace de madre”, porque no creemos que haya ninguna actividad que sea “de madre” y que no pueda hacer un padre (salvo dar el pecho, claro, pero el bibi sustituye satisfactoriamente).

Hoy estamos contentos de celebrar en casa el día del padre con besos y abrazos. Mientras escribo esto, Martín, que ya se pone de pie agarrado, se balancea en el parquecito y me sonríe con esa nueva sonrisa que ha inventado para hoy. Gracias, Martín. Eres el hijo que siempre quise y te quiero.

Capítulo 38: Mi héroe

Capítulo 38: Mi héroe

Quiero agradeceros a todos las muestras de cariño y apoyo tras la última entrada. Algunos nos tratáis, equivocadamente, como si fuésemos héroes. No quiero que nadie se equivoque: Martín es nuestro hijo y lo que tengamos que hacer por él, lo haremos. Cualquier padre obraría así, no hay que estar hecho de pasta especial.

Pero el tema de la heroicidad me ha traido a la cabeza una historia deliciosa ocurrida hace pocos días en un hospital español, y que quiero compartir con los que lleguen a esta página, por los cauces que sea. Os prometo que no os defraudará.

Un niño pequeño tiene una hermanita menor aquejada de una de esas enfermedadas denominadas “raras”. Para poder hacer estudios, los médicos necesitan analizar la sangre de su hermano, para lo cual toda la familia se traslada al hospital. Hasta ahí todo iba bien, salvo por un detalle: nadie había informado al niño de lo que le iban a hacer, así que en cuanto supo que le iban a sacar sangre comenzó a llorar y a negarse rotundamente, convirtiéndose en una bestia salvaje. Los padres logran calmarlo y le explican pausadamente que la extracción servirá para curar a su hermanita. El niño abraza a su hermana y se mantiene unido a ella echando un brazo atrás para que le pinchen. Terminada la operación, los padres comienzan a  hablar con el médico y el niño permanece serio y callado hasta que encuentra el hueco para preguntar con total serenidad: “¿En cuánto tiempo me voy a morir?”.

Este niño es mi héroe.

Capítulo 37: Sin palabras, con corazón

Capítulo 37: Sin palabras, con corazón

Sé que llevo tiempo sin escribir, pero eso no quiere decir que haya olvidado el blog. Es solo que no sabía cómo acometer el asunto que quiero tratar. La crianza de Martín no está siendo fácil, aunque desde estas líneas pueda parecer lo contrario. Si Martin fuera un niño sano, supongo que, como todos los padres y madres, me quejaría de lo mal que come o de lo mal que duerme. O, como un compañero de trabajo, andaría cabizbajo solo porque el niño estuviera más resfriado de la cuenta. Para nosotros eso son nimiedades, aunque entendemos que para los padres, especialmente para los primerizos, puedan constituir un mundo. Martín nació con una cardiopatía congénita que precisa de una intervención quirúrgica. Esto hace que su desarrollo sea más lento y que se canse al comer; además debe tomar medicación varias veces al día desde hace 9 meses. Pronto tendrá cita con el cardiólogo y sabremos si ya está preparado, por peso, para resistir la operación. Si no he contado nada de esto antes ha sido por la privacidad del niño, por un lado, y porque, como se ha comprobado, hay muchos más aspectos de la experiencia de paternidad que creo que preceden a este en relevancia. Como el niño ya ha cumplido el año (eso es mayoría de edad en el mundo bebé) y cuento con el beneplácito de mi marido, lo cuento ahora. Esto no es más que uno de los escollos del camino, una lucha que terminaremos venciendo entre los tres más tarde o más temprano. Quizá ahora algunos entiendan mejor entradas como la del capítulo 33.

Pero hay otra lucha. En nuestra solicitud, nosotros abrimos la posibilidad de que nuestro hijo tuviera alguna minusvalía sensorial auditiva y Martín llegó con una hipoacusia diagnosticada al nacer, de incierta evolución (puesto que el oído sigue desarrollándose durante el primer año). Pero nuestras sospechas desde el principio se confirmaron con las pertinentes pruebas y desde hace unos meses sabemos que Martín no ha estado escuchando nuestras canciones ni nuestras palabras cariñosas, porque Martín es sordo. Claro que se ríe de nuestros canturreos y que le llega el cariño de nuestras palabras, pero no por los cauces habituales. En este caso, esta lucha es más difícil de librar, pues a día de hoy no hay cura para la sordera. Hay prótesis que intentan ayudar y que consiguen niveles más que decentes de percepción, pero el camino es complicado. Tanto mi marido como yo estaremos ahí, como dos padres valientes y entregados, consiguiendo que la felicidad crezca, porque nuestro amor está sano, fuerte, y así va a seguir estándolo pase lo que pase.

Capítulo 36: El cumpleaño

Capítulo 36: El cumpleaño

El Diccionario de la Real Academia no contempla la palabra cumpleaño, así, en singular. Pero la realidad es que hoy Martín ha celebrado su cumpleaño, porque solo ha cumplido uno. Los niños adoptados suelen tener dos cumpleaños al año, uno que conmemora su nacimiento y otro que recuerda su llegada a su hogar definitivo. Hoy ha sido el primero; el otro lo tendrá en verano. Hace un año nosotros esperábamos la ratificación de nuestra idoneidad, mientras en algún lugar ni muy lejano ni muy cercano, nuestro niño llegaba al mundo. Ese mundo este año ha estado lleno de dificultades para él, más de las que muchos adultos han vivido en veinte o treinta años. Pero nos tiene a nosotros para superarlas y ya empieza a ser consciente de que ahí estaremos siempre su papá y su papi para ayudarle, para protegerle y darle amor. Hoy es su primer cumpleaño y ha recibido algunos regalitos, pero como realmente los regalados nos sentimos siempre nosotros, quiero compartir hoy con los que aquí leéis un poquito de eso que nos regala Martín a diario y que nos hace tan felices. Todo vuestro.