Capítulo 83: Martín nunca se enfada

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Martín nunca se enfada. Nunca me había dado cuenta, hasta hace unos meses. Martín solo llora si se da un golpe muy muy fuerte (si solo es MUY fuerte, sonríe y dice “no pasa nada” con una melodía encantadora), pero nunca para pedir algo. Lo pide, a veces le decimos que sí y la mayoría de las veces que no. Acepta y acata. Sin traumas. Pero nunca se enfada. Una vez, con tres años, tuvo un berrinche, el único, porque quería llevar al audiólogo su bicicleta y se puso farruco en la consulta. Me disculpé un momento, fui al baño, le eché agua en la cara y hasta hoy. Ahora, analizando, por un lado me parece extraño que alguien nunca se enfade, ya le puedan quitar un juguete, negar un deseo, darle un empujón, no conseguir montar un juego, decirle que no vamos donde quiere o que nos marchemos de donde quiere seguir estando. Por otro lado, puede que la continua felicidad de Martín tenga que ver con esa actitud, de la que tanto debemos aprender (no soy precisamente de los que se enfada, pero con frecuencia sí “me hierve la sangre” internamente).

Para Martín todo es positivo y el hecho de que nunca llore ha pasado inadvertido para nosotros durante años. Solo hemos caído en la cuenta cuando hemos estado con otros niños que sí lloraban o se enfadaban. Reconozco que en un primer momento sentí orgullo, pero en un segundo me preocupé porque enfadarse forma parte de la inteligencia emocional de las personas y Martín no sabe hacerlo. Jamás se ha peleado. Si le han quitado su juguete, ha cogido otro sin quejarse y ha seguido sonriendo.

Prefiero pensar que su carácter es envidiable y que Martín sabe relativizar la importancia de las cosas, optando por devolverle a la vida una sonrisa. Esto hace que Martín sea muy querido por pequeños y mayores, pues él sabe, como buen seductor, que la simpatía genera simpatía. Si aplicáramos la máxima de Kant “obra de tal forma que el motivo de tu propia acción pueda convertirse en ley universal”, y todo el mundo fuera como Martín, qué mundo tan maravilloso sería, sin llantos, enfados ni peleas.

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